l programa comienza con una divagación sobre la saturación informativa en la televisión, sirviendo como gancho para presentar a los integrantes y sus futuros proyectos en Córdoba y Montevideo. Esta introducción establece la tónica general: un equilibrio constante entre lo anecdótico y lo deliberadamente disparatado. La discusión central se enfoca en el manejo de cuerpos extraños en el organismo, transformando problemas médicos menores en una fuente inagotable de comedia absurda. Se exploran las complicaciones de tener limaduras de hierro en los ojos o un mosquito en el oído, subrayando cómo el instinto de frotar o intentar resolverlo manualmente suele empeorar el cuadro clínico.
Una vez agotado el tema físico, la conversación transita hacia los seres imaginarios, citando las reflexiones borgesianas sobre animales esféricos y mitologías del Hindostán. Los locutores demuestran que el conocimiento literario puede coexistir perfectamente con el humor de café, utilizando estos conceptos para desviar la atención hacia la absurdidad de las creencias sobre la eternidad o la naturaleza de las serpientes mitológicas. La segmentación del programa es fluida, pasando del plano biológico al plano de la fantasía sin romper el ritmo de la narrativa.
La última parte del episodio se dedica a las relaciones humanas y la torpeza en el cortejo. La sátira sobre los 'amarretes' económicos y los hombres inmaduros sirve como espejo de las inseguridades masculinas contemporáneas, abordando estereotipos como el hombre apegado a la cocina de su madre o el que cuenta intimidades de sus exparejas. La narrativa se intensifica cuando, mediante una actuación improvisada, se plantea un conflicto legal por la titularidad de un departamento, revelando que toda la estructura de la convivencia es, en esencia, un frágil entramado de mentiras que se desmorona ante el primer cuestionamiento.
El cierre reafirma la vocación del programa como una trastienda de ocurrencias donde el análisis serio de la vida se sacrifica gustosamente en favor de la carcajada. A través de este viaje, el oyente no obtiene una lección profunda, pero sí una perspectiva refrescante sobre lo ridículo que resulta intentar controlar nuestro entorno o nuestras relaciones humanas.